Se sentó en la banqueta y casi sin quererlo empezó a escuchar la voz de su conciencia, que le decía que reprobar no era tan malo, que a muchos del salón les pasaba y a nin-guno lo habían puesto a trabajar de pisapa-peles. Le recordó que su papá no era un mal tipo y las más de las veces tomaba las cosas con calma. Y por último, su conciencia le di-jo que un pisapapeles de su tamaño era to-talmente impráctico .