El cerebro es, sin duda, el sistema más complejo al que podemos
enfrentarnos.
Su actividad eléctrica, que se produce con amplitud de microvoltios, se recoge mediante
el uso de electrodos repartidos homogéneamente desde la superficie exterior del cráneo,
dando lugar a los llamados electroencefalogramas (EEG). Se trata de potenciales extremadamente
débiles y, por tanto, difíciles de registrar. Sin embargo, la tecnología actual
permite su grabación y su análisis, que da lugar al cálculo de ciertos neuromarcadores que
nos informan sobre la reacción del cerebro a todo tipo de estímulos.