En 1933 llegó a España, para ponerse al frente de la
embajada de Estados Unidos, Claude
G. Bowers. Durante los seis años siguientes será un
testigo privilegiado y singular de los
momentos más turbulentos y trágicos de la historia
contemporánea de España.
Con un marcado perfil político no era diplomático, ni
siquiera había estudiado una
carrera , se sumergió en la realidad española, viajando
de norte a sur del país y mezclándose
con todo tipo de personajes, independientemente de su
procedencia social.