Durante el verano, Darío ayuda a su abuelo Nino a vender helados. Pero Nino no es un heladero cualquiera: él elige el sabor perfecto para cada cliente. Un helado con sabor a riesgo para el joven tímido, otro con sabor a vacaciones para la tendera cansada Hasta que un día, un anciano le pide algo imposible: Un helado con sabor a infancia .