Leyendo este libro se conoce bien a ese desconocido injusto que no debiera serlo que se llama Santiago Ontañón, pero no sólo eso.
También se disfruta de un panorama profundo de aquella época maravillosa que interrumpió el golpe de Estado de 1936 y que no sólo estuvo hecha de mujeres y hombres geniales a la hora de escribir un poema o una novela, rodar una película, pintar un cuadro o componer una melodía, sino también, o quizás habría que decir por encima de todo, de personas generosas, inteligentes, solidarias y divertidas cuyas existencias fueron, de un modo u otro, segadas por la barbarie porque, en cierta forma y si se me permite la metáfora, la bala que mató a García Lorca los atravesó a todos.
Llevarnos hasta los rincones más domésticos de esos seres humanos excepcionales cuya importancia en nuestra cultura es esencial es un mérito que Las pasiones de Santiago Ontañón consigue de manera portentosa.
Estoy seguro que todos sus lectores lo recibirán con gratitud, y les aseguro que ésa es la primera palabra que se me ha ocurrido en cuanto he leído la última palabra de este magnífico trabajo de Esther López Sobrado .
Del Prólogo de Benjamín Prado Recorrido por la vida y época de Santiago Ontañón, un hombre leal, inteligente, libre, generoso, ingenioso, entrañable, apasionado, rebosante de amor y amores como lo definía Fernando Fernán Gómez.
Santiago Ontañón (Santander, 1903-Madrid, 1989) es uno más de esa maravillosa generación de cambio que fue la generación del 27.
Escritor, pintor, escenógrafo, dramaturgo, dibujante, ilustrador, figurinista, actor, director de cine, y, sobre todo, tertuliano, conversador y magnífico amigo.
Su vida transcurre entre Santander, el París de los locos años veinte, el Madrid de la República y Guerra Civil, y el exilio hispanoamericano, para regresar sigilosamente a finales de la década de los cincuenta de nuevo a la capital de España.
Fue amigo de Lorca, María Teresa León, Alberti, Neruda, Huidobro, Margarita Xirgu y un lis