En Las locas que no lo eran Carmen V. Valiña se sumerge en el archivo del Manicomio de Conxo para encontrarse en él con la subversión y la rebeldía de madres solteras, de alcohólicas o de esposas que deseaban divorciarse. Muchas de esas mujeres no tenían en realidad ningún trastorno mental. La ruptura con lo que se esperaba de ellas fue la causa de su reclusión.
Las cartas y los informes familiares permiten a la autora recuperar las palabras, las subjetividades y las emociones de esas locas , sus vidas más allá de los testimonios médicos. Porque estas mujeres, aunque analfabetas en su inmensa mayoría, encerradas tan lejos de sus pueblos y aldeas, fueron al mismo tiempo poderosas y valientes: se las arreglaron, incluso dentro de las paredes de un manicomio, para que sus testimonios llegasen hasta nosotras. Escucharlas es un ejercicio de justicia histórica.