Estos poemas huyen de la belleza, están en retirada, son mezquinos, primitivos, cobardes. Recurren al mantra y al estribilllo para recuperar la espontaneidad primitiva de la ternura. El paisaje es un ser vivo, un animal desgarrado, con marcas en la piel. Los esclavos son una mala excusa para invocar el punto de partida y renunciar al oficio de la belleza. Los eslabones son invisibles y a veces cuando los juntas y numeras tienen forma de poema.