Hace casi dos mil años, Luciano de Samósata se atrevió a hacer algo imperdonable: reírse de los filósofos.
Reírse de los filósofos, no de la filosofía, que amaba profundamente, sino de quienes la traicionaban con palabras vacías, sistemas grandilocuentes y promesas de sabiduría que nunca se cumplían.
En sus diálogos y relatos satíricos, Luciano desenmascara a maestros solemnes, profetas de la razón, vendedores de doctrinas y farsantes intelectuales que confunden profundidad con oscuridad y pensamiento con retórica. La filosofía aparece aquí no como un pedestal, sino como un campo de batalla donde abundan la impostura, el ego y el autoengaño.
La gran farsa filosófica reúne algunos de los textos más incisivos de Luciano como Hermótimo, Subasta de vidas, El pescador o La doble acusación acompañados de una lectura que los acerca al lector contemporáneo. Porque resulta inquietante comprobar hasta qué punto estos retratos antiguos recuerdan a los gurús actuales, a ciertos discursos académicos o a la espiritualidad de postureo.
Una invitación a desconfiar, a pensar por cuenta propia y a reírse con inteligencia de quienes se toman demasiado en serio.