Porque al final hablé de un rayo de sombra y pedí turbiedad, una duda precaria.
Porque mis vecinos de abajo, los anticuarios, me obsequiaron hace tiempo una oración en la que abundan palabras bíblicas como áspid y saetas , y no entendí.
Porque las cosas, cuando más o menos perduran, se cierran como un ámbar.