El ascenso a esta montaña de la Provenza francesa por parte del poeta Petrarca en compañía de su hermano Gerardo constituye un episodio nada frecuente en la época. Parece que tan extraño impulso tuvo por deseo imitar la ascensión de Tito Livio al monte Hemo de Tesalia para contemplar juntos los mares Adriático y Euxino. Petrarca da cuenta en esta carta de las emociones que le suscita la aventura y se deleita en la contemplación del paisaje como podría hacerlo un montañero de nuestros días. Solo que lleva consigo las Confesiones de San Agustín y con ellas la tensión entre una mirada moral sobre la metáfora de elevación que sustrae de la propia montaña o el placer sublime de la percepción estética de la naturaleza.