Casi una década después de la muerte de su madre, la poeta le dedica este libro. Dividido en tres partes, las dos primeras reflejan el tránsito del duelo a través de los paisajes naturales del espino y el mar, donde yacen las cenizas. La Naturaleza, símbolo y espejo de la interioridad del sujeto lírico, torna en la tercera parte hacia la ciudad.