¿Cómo un padre, que se supone que es la persona que tiene que querer más a su hijo, puede hacerle tal cosa? , expresa una víctima en las páginas de este libro. Este horror inimaginable, sin embargo, es más frecuente de lo que cabría imaginar. Los últimos datos recabados en España apuntan a que una de cada cuatro personas ha sufrido violencia sexual durante su infancia o adolescencia, y más del 46 % de estas agresiones sucedieron en el ámbito doméstico, dentro de los hogares.
Sin embargo, sobre la madre que denuncia un abuso paterno se desencadena un proceso de sospecha y acoso institucional: su testimonio y el de su hija o hijo no son tomados en cuenta. Con frecuencia, ella misma se convierte en objetivo judicial de un sistema que la señala como manipuladora, vengativa y rencorosa y la juzga con más dureza que a los supuestos agresores: las madres que denuncian se acaban enfrentando a pérdidas de custodia o de patria potestad y, en ocasiones, a penas de cárcel.
Este libro cuenta las historias de aquellas madres que, en vez de mirar a otro lado y perpetuar los silencios y los secretos, decidieron escuchar a sus hijos. Cuenta cómo acudieron a unas instituciones que las dieron de lado. Y también cómo se unieron para ir ganando pequeñas batallas. Unas madres que, lejos de estar locas, fueron pioneras en la escucha a la infancia.