Estas palabras de un poema de Rafael Cadenas, publicado en su libro Gestiones (1992), nos hablan de alguien para quien la relación con el lenguaje es orgánica, vital, imprescindible, pero a la vez ardua y difi cultosa. Y nos hablan también de un estado de conciencia en el que se ha alcanzado una plenitud existencial que linda con la sabiduría, donde han quedado atrás los simulacros y las imposturas, y se ha optado por vivir fuera de papel . Alcanzar ese estado, sin embargo, ha sido el resultado de un largo viaje, lleno de incertidumbres y tanteos, que comenzó hace más de seis décadas.