Filosofía tuitera y estética columnista es el fruto de una compulsión, de un divertimento: notas de crítica de arte, sarcasmos del bienalismo, derivas por el pantano cultural, chistes casi privados de un académico que ya no tiene (literalmente) ni un pelo (de tonto). La columna que he ocupado no es, ni mucho menos, la del estilita, más bien se trata de la habitual de los todólogos y mis tuits pedantescos son un ejemplo superlativo de aquello que Umberto Eco calificara como cogito interruptus . Cuando uno asiste, entre estupefacto e indignado, al día de la marmota político-nacional, entran ganas de salir corriendo o -simpático consuelo- trazar una línea de fuga con la certeza de que el naufragio será inevitable. En fin, la escritura me ha vuelto a ofrecer un precario refugio desde el que tratar de comprender lo que (nos) pasa.