Este libro prolonga una trilogía dedicada no tanto a una reforma de nuestro sistema de educación, sino a su superación, término que significa no sólo que lo que debe ser superado también debe ser conservado, sino además que todo lo que debe ser conservado debe ser revitalizado. Obliga a repensar no sólo la función -diría incluso la misión- de la enseñanza, sino también lo que es enseñado. Si enseñar es enseñar a vivir, según la justa expresión de Jean-Jacques Rousseau, es necesario detectar las carencias y lagunas de nuestra enseñanza actual para afrontar problemas vitales como los del error, la ilusión, la parcialidad, la comprensión humana, incertidumbres que encuentra toda existencia.