Al volver a casa el día de su decimoctavo cumpleaños, Clara se encuentra un regalo sorpresa que no esperaba: todas sus cosas en el rellano de la escalera.
Su madre la echa de casa, a ver si ahora que ya es mayor de edad se centra por fin y entra en Bellas Artes o se busca la vida.
Desesperada, acude a refugiarse a casa de su padre, que es contrabajo en una orquesta sinfónica y siempre está viajando.
Clara no parece encajar en ningún sitio, hasta que se le presenta una gran oportunidad: entrar de copista en la Academia de Historia para pintar réplicas de retratos de la dinastía Bondoror.
Al aceptar el trabajo no es consciente de hasta qué punto va a entrar en la historia de esos cuadros.