David Hernández se arruinó con la crisis inmobiliaria. Se quedó sin blanca. Y su padre le dio un buen consejo: Has tenido suerte de arruinarte joven porque tendrás tiempo de levantar de nuevo cabeza . Con los 12.000 euros que le quedaban y dos maletas, el autor se marchó a China, donde emprendió un negocio de vinos. Hoy, su empresa, DavidWine, ha alcanzadouna gran notoriedad y compite con las grandes marcas. De su apasionante aventura, ha destilado doce principios que permiten alcanzar el éxito y una lección personal que le permite ver el mundo de una nueva manera.