Dioniso, cuando puso la imagen en el espejo que colocó ante sí, se fraccionó en el todo . Esta frase del filósofo neoplatónico Olimpíodoro podría constituir una ajustada síntesis de la filosofía de Hegel. El dios de la ontoteología hegeliana es, en efecto, como Dioniso: un dios que muere en el mismo gesto por el que crea el mundo. La filosofía de Hegel no niega a ningún dios, sino que piensa un dios que es su propia muerte; por eso no es un ateísmo, sino una ateología.
Este libro, en consecuencia, puede ser entendido como una réplica a la lectura ontoteológica de Hegel que ha hecho Heidegger. Defiende la idea de que tal ontoteología introduce su propia superación. El dios hegeliano el lógos, la esencia de lo real funda lo que existe abismándose, lo afirma negándose: la radical ausencia de sentido que tal abismo implica es el único sentido de lo que hay.
Hegel piensa, por lo tanto, un absoluto que es la negación de lo absoluto. La razón absoluta hegeliana no tiene otro sentido que hacer de este aquí y ahora desamparado y mortal el Hiersein de la novena elegía de Rilke lo único absoluto.