El cerebro altruista demuestra, desde el enfoque de la neurociencia, que somos naturalmente buenos porque estamos biológicamente predispuestos a ello. El cerebro altruista constituye el estudio más importante sobre cómo y por qué medios por mecanismos puramente físicos los seres humanos empatizan entre sí y responden de manera altruista. Esa amabilidad espontánea es nuestro comportamiento natural, independientemente de los condicionamientos religiosos o culturales.