A principios de la década de 1980, Muñoz y Sampayo decidieron
ampliar el universo de su serie más celebrada, Alack Sinner, y
emprendieron la creación de historias ambientadas en el bar de
Joe. En ellas narran las pequeñas historias de esos personajes
que por lo general son apenas parte del atrezzo, figuras que
atraviesan fugazmente el fondo de las viñetas y casi nunca
tienen voz propia. Así, a través de un escenario que se ubica en
Nueva York pero que podría ser Madrid o Buenos Aires y de unos
seres frágiles y solitarios, el tándem de autores argentinos
presenta un retablo de la condición humana que mueve a la
empatía y a la reflexión.