Aramburu escribió El artista y su cadáver cuando el artista , que por circunstancias personales ha tenido que instalarse en Alemania, decide asesinar mediante estos ejercicios en prosa al poeta febril que llevaba dentro desde hacía años y que ya comenzaba a incordiarle un poco: ... escribías por las tardes esos versos hondamente fatuos del joven que aspira con furor a ser de vez en cuando un elegante enfermo, un indignado triste... . Ejercicios de estilo, esbozos y probaturas -Fuegos con limón nació precisamente de la amplificación paulatina de uno de estos textos-, viñetas irónicas, fragmentos vitales, declaración de deudas literarias y principios estéticos además de reconstrucción obstinada de un paisaje sentimental ausente y reelaborado en la memoria, la soberbia escritura de El artista y su cadáver demuestra que Aramburu se mueve con la misma soltura y placer tanto en la distancia corta de estas prosas breves como en la novela y el relato.