Afincado en París desde 1955, Fernando Arrabal es el único superviviente de los cuatro avatares de la modernidad dadaísmo, surrealismo, pánico y patafísica , como lo describió el mítico crítico teatral de The New York Times, Mel Gussow. A los diez años fue Premio Nacional de superdotados . Estrenó su primera obra, Pic-Nic (1952), que aún se representa, en un programa junto a Bertolt Brecht. Ha vivido de primera mano el surrealismo y ha sido testigo de los berrinches de André Breton, de los amores de Paul Eluard o de la genialidad de Salvador Dalí, Pablo Picasso, Jim Morrison, Andy Warhol, Jorge Luis Borges, Luis Buñuel o Emil Cioran. Con Marcel Duchamp, Tristan Tzara y Samuel Beckett ha pasado horas y horas jugando al ajedrez, y ha sido amigo íntimo de Milan Kundera, Michel Houellebecq, Antonio Garrigues Walker, Albert Serra o Alejandro Jodorowsky, con quien fundó junto a Roland Topor el Movimiento P ánico . Hoy, a sus 92 años, sigue creando y en plena forma.