En el momento en que los mercados financieros tomaron las riendas de la economía global, las reglas del juego cambiaron radicalmente. Las sociedades capitalistas se enfrentaban a un escenario inédito de consecuencias imprevisibles y, desde entonces, la desigualdad empezó a acentuarse a un ritmo vertiginoso. Hoy, las diferencias económicas entre los ciudadanos son tan acentuadas que la desigualdad ya ocupa un lugar central en el debate económico. Tanto es así que a su existencia se le pueden achacar la inestabilidad de las sociedades más avanzadas del mundo.