El ciudadano se hace porque la libertad no se otorga: se conquista. Incluso al crecer en una sociedad democrática, es necesario apropiarse de esa herencia y ejercerla con responsabilidad. La democracia, recordaba José Luis Aranguren, no es solo un régimen político, sino un ethos que exige participación y corresponsabilidad. Aristóteles llamó a esta disposición virtud , aquí entendida como virtud cívica: hábitos de cooperación, comunicación y respeto a las reglas comunes. Reactivar las corrientes ético-políticas que sostienen la democracia constitucional liberalismo, socialismo y republicanismo es hoy imprescindible. Estas tres éticas, presentes en la Constitución Española de 1978, forman el núcleo de los valores que este libro analiza, de la mano de profesores cuyo prestigio académico y compromiso cívico respaldan estas reflexiones.