Cuando las formas de las cosas se disuelven en la noche, la oscuridad de la noche, que no es un objeto ni la cualidad de un objeto, invade como una presencia. De noche, cuando estamos clavados a ella, no nos ocupamos en ninguna cosa. Pero ese ninguna cosa no es el de una pura nada. No hay ya esto, ni aquello, no hay 'algo. Pero esta universal ausencia es, a su vez, una presencia, una presencia absolutamente inevitable...