A principios del siglo XX Rusia se va consolidando como una de las grandes capitales de la vanguardia del arte. Muchos de sus artistas habían viajado a París y habían entrado en contacto con los movimientos culturales más avanzados. A esto se une el papel osado de algunos coleccionistas rusos, que adquirieron numerosas obras vanguardistas que ya se presentaban en las galerías de París. Todo ello contribuye a crear en Rusia una de las escuelas de arte más utópicas y radicales del siglo XX.