Sumando al testimonio de quienes lo conocieron el mismo compromiso con la vocación literaria, la poesía y el uso de la lengua romance que defendiera Dante, el autor del Decamerón escribió, ya en 1351, la primera biografía del maestro florentino, elevándolo, apenas treinta años después de su muerte, a una condición que conserva setecientos años después: la de autor clásico.