Número 3 de la colección Poesía Probablemente sea difícil comprender por qué la lluvia se comporta en poesía como un recordatorio tenaz que se expande e incendia la inquietud de los ojos, que deja huella y reescribe palabras, historias, templados sueños y oscuros epitafios en el estertor de los cuadernos.
A veces resulta cómplice de la soledad, abre las cárcavas del miedo, violenta la esperanza o mide la extensión del tiempo más allá del abrazo.
Nadie es indiferente a la lluvia.