Paul Valéry se levantaba cada mañana entre las cinco y las seis, encendía un cigarrillo y escribía sin interrupción en sus cuadernos. Así lo hizo durante cuarenta y cinco años. Estos cuadernos son mi vicio , confesó alguna vez. También su refugio: una forma del deseo de estar conmigo, y hasta de ser yo . Como él, muchos escritores, artistas y pensadores han hecho de sus cuadernos un laboratorio, un espacio de retiro o una forma de resistencia. El cuaderno como punto de partida, como medio y como fin de la escritura; como soporte de una obra siempre provisional, imperfecta y abierta.
Transitando entre el ensayo, la narración breve y el aforismo, Cuadernística propone un viaje por esos pequeños mundos en los que caben todas las formas de la imaginación y el pensamiento.