Porque sucedemos como suceden los árboles.
Nuestras raíces se nutren del agua del pasado, el tiempo va trazándonos círculos dentro y a un anillo de dolor le circunda otro de gozo. Nos repetimos en ciclos, soportamos la poda salvaje de las historias ajenas a la Historia y en ocasiones nos consume desde el interior un incendio silencioso. Porque como los árboles, sucedemos a pesar de una herida inevitable para crecer con mansedumbre hacia la luz.