Dormir bien no se relaciona únicamente con la cantidad de horas que descansamos sino también con la calidad del sueño logrado. En la actualidad es muy habitual que nos acostumbremos a estar mal dormidos, una situación que no resulta en absoluto aconsejable. Las consecuencias desfavorables del mal dormir incluyen alteraciones en el estado de ánimo, deterioro de las relaciones interpersonales y del rendimiento laboral, y aumento del riesgo de accidentes. En cambio, dormir bien ayuda a vivir mejor, aumenta la vitalidad y la productividad, fortalece la salud del corazón y del sistema inmunológico, mejora el estado de ánimo y alarga la vida