Cuando una niña se hace amiga de un duende se vuelve especial y no siempre aprende las cosas al ritmo de los otros.
Eso le pasaba a Carmela, que no sacaba muy buenas notas porque no hacía sino pensar en su amigo, vivía en las nubes, como suelen decir los adultos.
Pero pasó el tiempo y Carmela creció.
Todos tenemos que hacerlo.
Y cuando pasa esto, nos olvidamos de las cosas que vimos de niños.
También Carmela se olvidó de su duende.
Entonces le dio por leer.