El capibara y el aye-aye viven tranquilamente en su pequeña tienda de abrazos, hasta que un día, cuando salen a manifestarse, el aye-aye pierde de vista al capibara. Solo hay un pequeño problema: la concentración está llena de capibaras que son exactamente iguales. El aye-aye, incapaz de encontrar al suyo, tendrá que agudizar su ingenio para descubrir qué es lo que hace único a su capibara.