Escrito en prisión y publicado póstumanente en Buenos Aires, "Cancionero y romancero de ausencias", el último poemario de Miguel Hernández que la muerte le impidió acabar, supone la madurez literaria de este autor de la Generación del 36, ligado estrechamente a la del 27. Con la concisión y la lírica propias del cancionero, reivindica la esperanza en unos momentos trágicos impuestos por la desolación de la Guerra Civil. Sin olvidar su difícil situación, privado de libertad y enfermo, deposita la confianza del futuro en la inocencia de la infancia y el amor, que identifica con su hijo, al que dedica uno de los poemas más populares del libro, Nanas de la cebolla . Luis Alberto de Cuenca ha fijado esta obra fundamental de la poesía española, cotejando la primera con las últimas ediciones, para esta ilustrada por Toño Benavides.