Entre 1999 y 2005, Bunbury perfiló y definió su carrera solista. Lo hizo por medio de tres discos que ya son historia básica del rock español: Pequeño, Flamingos y El viaje a ninguna a parte. Obras valientes, arriesgadas y distintas entre ellas, pero unidas por el cuidado en la composición e interpretación, por la búsqueda del sonido diferenciador y único, libre de ataduras. Asumiendo que, desde el rock, podía aproximarse a cuanto género musical necesitara para levantar sus canciones.