Algo siniestro flota en el ambiente de la urbanización Valleluz, y no es el gas tóxico naranja que desde hace diez años rodea las ciudades y obliga a la gente a desplazarse con trajes de protección y a vivir bajo cúpulas de filtrado de aire. Es algo más. El perro Titán aparece muerto y el misterio de su asesinato nos hace conocer las vidas, las miserias y los deseos de una comunidad de vecinos que se sitúa en el improbable cruce entre Twin Peaks y La que se avecina.
Humor, terror y ciencia ficción se dan la mano en Animales de costumbres, una novela inclasificable en la que convergen osos de peluche parlantes, señales en el cielo, empresas de videojuegos infantiles, libros de Shirley Jackson, una casa envasada al vacío, un presidente de comunidad metido a detective, una limpiadora con sed de venganza, una niña que no sabe crecer y un niño que ha crecido demasiado pronto. Todo esto entre las ruinas de una crisis económica y urbanística que parece seguir aquí, respirando a nuestro lado.