No recuerdo cómo aprendí a soñar, pero, en algún momento de mi vida, lo hice. Lo que sucede es que, cuando era pequeño, no me daba cuenta de que estaba soñando. Sencillamente lo hacía. Soñaba con versos, y componía poemas. Soñaba con escribir historias, e historias nacían. Y se ve que los sueños, si se riegan de vez en cuando, crecen como el más monumental de los robles o de los tejos. En ocasiones, sus ramas toman extraños caminos, pero sus raíces saben bien dónde buscar y cómo alimentarse. Y así, como cuando era un niño hoy, bajo la sombra de un gran árbol , sigo soñando sin darme cuenta. Cuando sueño con versos, compongo poemas. Cuando sueño con escribir historias, historias como la de este libro nacen.