Gustave Le Rouge (Valognes, 1867-París, 1938) fue un autor muy popular, de inmenso éxito en los años treinta, pero difícilmente clasificable. Aunque la mayor parte de su obra literaria está emparentada con la ciencia- ficción, no cultivó en rigor el género inaugurado por Jules Verne, sino una línea propia que podría situarse entre La Eva futura de Villiers de l'Isle-Adam y Fantomas de Souvestre et Allain. Gran conocedor de la gastronomía más exótica y de las tradiciones esotéricas de Occidente, su talento enciclopédico fue múltiple, propio de un auténtico erudito. Formó parte del círculo de los simbolistas y fue amigo de Mallarmé, de Blaise Cendrars y de Verlaine. El mismo Cendrars contribuyó a su reconsideración literaria póstuma, pues en su obra L'Homme foudroyé (1945) transmitió su fascinación por el personaje y por la amplitud de sus conversaciones. También lo reivindicaron los surrealistas, por su prodigiosa imaginación y su facilidad para moverse en las turbias aguas de lo extraño.