El cielo a medio hacer

Tomas Tranströmer

Encuadernado: Rústica
Editorial: Nórdica Libros, S.L.
ISBN: 9788492683178
PVP: 19.50 €
Páginas: 272




Tomas Tranströmer es el poeta vivo más importante de Suecia y su nombre aparece todos los años en los medios como candidato al premio Nobel. Este libro es una antología de su trayectoria, desde su primera obra, 17 poemas, hasta su interés por los haikus, e incluye, además, su magnífica autobiografía.

Tranströmer ha compaginado durante toda su vida su trabajo de psicólogo en centros penitenciarios y hospitales con la escritura de poemas, intentando transmitir cierto orden al mundo. Con un estilo propio, de «gestos pequeños», se interesó por los paisajes, la naturaleza, la psicología y los sueños. Como señala Carlos Pardo en el prólogo: «Hay poetas que nos hacen más inteligentes, más despiertos, que nos vuelven sutiles o sentimentales o contradictorios. Tranströmer nos coloca en el mundo, en eso que llamamos realidad y que se diferencia del realismo en que la realidad carece de sentido. Pero nos hace sentir fascinación por existir en él».



«Los poemas de Tranströmer nos permiten acceder a lo más profundo de una imaginación desbordante, admirable... Estos poemas nos muestran a uno de los mejores escritores de las últimas cinco décadas.»

The New York Times Book Review



Tomas Tranströmer (Estocolmo, 1931). Escritor, poeta y traductor sueco. Desde muy joven alternó su trabajo de psicólogo con la escritura de poesía. Desde la publicación de su primer libro, 17 dikter (17 poemas) en 1954, aclamado por la crítica, su producción creció sin prisa y sin pausa, al tiempo que su obra fue siendo traducida a distintas lenguas; en la actualidad sus poemas pueden leerse en más de cuarenta idiomas. Junto a Swedenborg y Strindberg, es uno de los escritores suecos que más ha influido en la poesía universal.

Tranströmer ha ganado los premios Bonnier de Poesía, el Premio Internacional Neustadt de Literatura, el Oevralids, el Petrach de Alemania, y el galardón sueco del Foro Internacional de la Poesía.

PRELUDIUM

DESPERTAR es un salto en paracaídas del sueño.

Libre del agobiante torbellino, se hunde

el viajero hacia la zona verde de la mañana.

Las cosas se encienden. Él percibe —en la vibrante

postura de la alondra— las oscilantes lámparas subterráneas

del poderoso sistema de las raíces de los árboles. Pero a fl or

de tierra

—en abundancia tropical— está el verdor

con los brazos al aire, en escucha

del ritmo de una bomba invisible. Y él

se hunde hacia el verano, se descuelga por

el cráter cegador, hacia abajo

a través de grietas de edades verde-húmedas

palpitantes bajo la turbina del sol. Así es detenido

este viaje vertical por el instante y las alas se ensanchan

hasta ser la quietud del gavilán sobre aguas torrenciales.

Tonos desamparados

de las trompetas de la Edad de Bronce

cuelgan sobre el abismo.

En las primeras horas del día, la conciencia puede abarcar

el mundo

como la mano oprime una piedra entibiada por el sol.

El viajero está bajo el árbol. ¿Se extenderá,

después de la caída por el torbellino de la muerte,

una gran luz sobre su cabeza?



ARCHIPIÉLAGO OTOÑAL

Tormenta

DE pronto, el caminante encuentra aquí el viejo,

enorme roble, como un alce petrifi cado con su interminable

cornamenta, frente a la fortaleza verdinegra

del mar de septiembre.

Tormenta nórdica. Es el tiempo en que

los racimos de serbas maduran. Despierto en la oscuridad,

oigo a las constelaciones piafar en sus establos,

en las alturas, sobre los árboles.



NOCHE-MAÑANA

EL mástil de la luna se ha podrido y la vela arrugado.

La gaviota flota ebria, más allá, sobre el agua.

El pesado cuadrilátero del muelle, carbonizado. El matorral se

doblega en la oscuridad.

En la escalera. El amanecer golpea y golpea

en las verjas de piedra gris del mar y el sol crepita

cerca del mundo. Semiahogados dioses estivales tantean

en niebla marina.

OSTINATO

BAJO el punto circular de calma del gavilán

rueda el mar retumbando en la luz,

muerde ciego su freno de algas y resopla

espuma en las orillas.

La tierra se enjuaga en oscuridad, en donde los murciélagos

se orientan. El gavilán se detiene y se vuelve una estrella.

El mar rueda retumbando y resopla

espuma en las orillas.



GÓGOL

LA chaqueta raída cual manada de lobos.

El rostro como lasca de mármol.

Está en el círculo de sus cartas, en la arboleda que susurra

de sarcasmo y errores,

sí, el corazón vuela como un papel por los inhóspitos

fragmentos.

Ahora se cuela el ocaso como un zorro sobre esta tierra,

incendia la hierba un instante.

El espacio está lleno de cuernos y pezuñas y allá abajo

se desliza la calesa como una sombra entre las iluminadas

haciendas de mi padre.

Petersburgo situada en la misma latitud que la aniquilación

(¿has visto a la hermosa en la torre inclinada?)

y por congelados barrios se desliza aún como medusa

el pobre con su abrigo.

Y aquí, envuelto en ayunos, está aquel que antes se envolvía

en los rebaños de la risa,

ya estos se han marchado hace mucho hacia zonas que están

muy por sobre la frontera de los árboles.

La mesa tambaleante de los hombres.

Mira cómo la oscuridad marca a fuego una Vía Láctea de almas.

¡Sube pues a tu carro de fuego y deja este país!



HISTORIA DE MARINOS

HAY días de invierno sin nieve en que el mar es pariente

de zonas montañosas, agazapado en plumaje gris,

azul apenas un minuto, largas horas con olas como pálidos

linces, buscando en vano apoyo en las piedras de la orilla.

Un día como estos salen del mar restos de naufragio en busca

de sus propietarios, sentados en el bullicio de la ciudad, y

ahogadas

tripulaciones van hacia tierra, más tenues que humo de pipa.

(En el Norte andan los verdaderos linces, con garras afi ladas

y ojos soñadores. En el Norte, donde el día

vive todo el tiempo en una mina.

Allí donde el único sobreviviente puede estar

junto al horno de la Aurora Boreal escuchando

la música de los muertos por frío.)



ESTROFA Y ANTISTROFA

EL círculo ulterior es el del mito. Allí se hunde erguido el

timonel

entre brillantes lomos de pescado.

¡Qué lejos de nosotros! Cuando el día

es un ahogo y una calma inquietud

—como la sombra verde del Congo sostiene

en su vaho a los hombres azules—,

cuando todos esos restos se amontonan

en el río pesado

que serpea desde el corazón.

Súbito cambio: bajo el reposo de los astros llegan,

deslizándose, los amarrados.

Alta la popa, en situación

de alarma, está el casco de un sueño, negro

contra la luz rojiza de la costa. Abandonados

se desploman los años, rápida

y silenciosamente —como la sombra de un trineo, grande,

perruna—

pasa en la nieve,

alcanza el bosque.



MEDITACIÓN AGITADA

UNA tormenta hace girar las aspas del molino

que salvajemente, en la oscuridad de la noche, muele la nada.

Las mismas leyes te mantienen despierto.

La panza del tiburón gris es tu débil lámpara.

Recuerdos difusos se hunden en la profundidad del mar

y allí se petrifican junto a extrañas columnas. Verde

de algas está tu muleta. Quien

se va hacia la mar regresa rígido.



LAS PIEDRAS

OIGO caer las piedras que arrojamos,

transparentes como cristal a través de los años. En el valle

vuela la confusión de los actos

del instante, vociferantes, de copa

en copa de los árboles, se callan

en un aire más tenue que el presente, se deslizan

como golondrinas desde una cima

a otra de las montañas, hasta

alcanzar las mesetas ulteriores,

junto a las fronteras del ser. Allí caen

todas nuestras acciones

claras como el cristal

no hacia otro fondo

que el de nosotros mismos.



CONTEXTO

MIRA el árbol gris. Fluyó el cielo

por sus fibras hasta la tierra

—una nube arrugada solo queda

cuando bebió la tierra. Espacio

robado se retuerce en trenza de raíces,

se trama en verdor. Breves instantes

de libertad se alzan de nosotros, remolinean

por la sangre de las Parcas y aún más allá.

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